ISSHO Beauty Lab consistió en transformar un local de 100 m² en un laboratorio sensorial donde materiales, luz y texturas trabajan para generar calma y conexión con lo natural. El concepto se centró en construir una identidad espacial coherente y envolvente, traduciendo sensaciones en decisiones concretas de diseño. La ejecución extendió ladrillos artesanales en paredes, suelos y mobiliario para lograr continuidad visual, mientras la dirección de obra aseguró acabados, iluminación y proveedores alineados al concepto. El resultado es un espacio cálido, cohesivo y distintivo, que funciona como refugio sensorial y expresión fiel de la marca.